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lunes, 4 de marzo de 2013

Recordando momentos...

Durante mi experiencia como educadora en Sol Ixent, de eso ya han pasado cinco años, recuerdo con mucha nostalgia a Lluc, un niño que por aquel entonces tenía 24 meses y del que guardo un gran cariño. A pesar del tiempo aún me acuerdo como si fuese ayer cada momento que pasé en ese lugar.

El primer día que lo recibí en la entrada del centro iba en los brazos de su papá Jaime. Sin conocer a  Lluc pude ver en su expresión y mirada que tenía miedo y se mostraba muy tímido. Le costó separarse de los brazos de su padre hasta que poco a poco sintió curiosidad por entrar en clase con los demás.

En sus primeros días en la escoleta estaba un poco triste y apenas se relacionaba con los otros/as niños/as.  Un día decidí preparar ''La cesta de los tesoros'', con diferentes materiales. Mientras preparaba la cesta con el material pude ver como los ojos de Lluc se iluminaban y su expresión se volvía más alegre. Se acercó a la cesta a experimentar con los diferentes objetos mientras yo estaba sentada en el suelo observando su comportamiento. 

Lluc estaba sentado en el suelo; observando detenidamente la cesta que tenía delante de él. Con las dos manos iba cogiendo los diferentes objetos; conchas, tapones de corchos, pinzas, cucharas de palo, cuerdas, ovillos de lana, botes de crema corporal, plumas, piedras grandes, brochas de afeitar, una pelota de tenis, batidora de huevos, piñas secas, pinceles, etc. Los miraba, los manipulaba para conocer sus propiedades y se los llevaba a la boca. Cogía un objeto en cada mano y se desplazaba por el aula con los dos objetos que había cogido y se tumbaba en el rincón del colchón y de los cojines. Una vez allí, se tumbaba boca arriba apoyando la cabeza en un cojín mientras observaba con atención cada uno de los objetos que tenía en sus manos. En algún momento y sin dejar esos objetos, me miraba y me sonreía y dirigiéndose hacia mi me enseñaba sus tesoros. Yo le devolvía la sonrisa y mostraba interés por sus acercamientos y por lo que me enseñaba. Una vez me enseñaba los objetos que había cogido volvía a iniciar sus investigaciones con otros objetos diferentes. 

Recuerdo como sacaba cada objeto de la cesta y los dejaba en el suelo, cada uno en un lado mientras iba sacando los demás; una nuez, una piedra, una concha, una pluma... Era curioso como con todos ellos mantenía la misma actitud de exploración. Fue divertido cuando se llevó por primera vez a la boca el ovillo de lana porque hizo una mueca desagradable. Cogía la nuez, la piedra, la concha y las tiraba al suelo, cuando oía el ruido que hacían al caer decía; << Ohhh >>. Se sentía feliz y se reía cada vez que los objetos chocaban y hacían ruido contra el suelo. Me miró, me señaló con el dedo índice y me sonreía. Yo me sentía orgullosa de ver como confiaba en mi presencia  y al acercarse a mi lo cogí en brazos y lo senté en mis rodillas mientras Lluc me mostraba los objetos que tenía en cada mano. Disfrutamos de ese momento de contacto los dos y me hizo sentir muy feliz de ver que por un momento no se sentía triste por estar en el cole.